Bitácora de un tío novato

 

Mario Maya, Ensenada

¡Bendito el pensamiento mágico de los niños!, gracias a ello una caja puede convertirse en una nave espacial capaz de surcar los más recónditos lugares del universo, una fortaleza impenetrable custodiada por dragones o bien el auto de carreras más veloz del mundo, y qué triste es a su vez el pensamiento lógico de los adultos que de un tiempo a la fecha solo me ha hecho encontrar una función para dicha caja: basura.

Considero que no existe nada más impresionante que tener la posibilidad de convivir y entrar en la vida de alguno de estos niños y eso fue precisamente lo que sucedió en el mes de Noviembre cuando decidí iniciar voluntariado en Hogares Calasanz de Tijuana (Hocati). Diversos factores me llevaron a tomar una decisión de este tipo, entre ellas se encuentra quizás el deseo inconsciente hasta hace poco de sonreír como ellos lo hacen, lo cual me lleva a rectificar, no existe nada más impresionante en el mundo que ver sonreír a alguno de estos niños, aun sabiendo que sus vidas no son lo mejor que pudieran ser.

 

Conocer a cada uno de estos 23 niños y adolescentes involucra conocer 23 realidades distintas, 23 historias las más de las veces difíciles, complicadas, y que sin un manejo adecuado de las emociones generan incomodidad y cierto sentido de injusticia en las personas que llegan a tener contacto con ellos.


         

Tío voluntario Mario Maya con Alan, Jessica, Bianca (atrás), Jazmin y Kike (al frente).


El involucrarme y ser parte de la familia Hocati ha sido una de las decisiones más importantes de mi vida por el hecho de permitirme aportar al desarrollo de estos niños, de brindarles de lo poco o mucho que uno posee, sin hablar de cosas materiales, pues a fin de cuentas a estos pequeños remolinos no les duran nada dichos objetos, sino hablar de todo aquello que en su vivencia les es frecuentemente negado o escasamente retroalimentado, el cariño.

 

Ellos agradecen mucho más un minuto de nuestro tiempo que cualquier tipo de juguete, somos pocos los que podemos expresar la dicha que se siente al cargarlos desde el sillón hasta sus camas después de ver televisión, leerles cuentos o cantarles canciones hasta que se duerman para despedirse de ellos y apagar las luces, deseando con esto lograr que pasen de una mejor manera esta bella etapa de su vida.

Es a su vez una gran experiencia para los tíos pues nos permite experimentar distintas facetas, algunas de ellas inexploradas para algunos de nosotros como lo es el trato con niños pequeños, y algunas otras que nos hacen despertar de nuestro letargo (fui maestro de materias que ni siquiera recordaba).

Solo me queda agregar que el trabajo que realizan los padres de familia es difícil, sin embargo tengo la certeza de que después de estos ajetreados meses me quedan ganas, energía y deseos de poder llamar algún día hijo a algún ángel de estos que gustan de romper juguetes, salir corriendo al frío del patio sin sudadera ni sandalias, dormirse a altas horas de la noche pese a las advertencias y esconder dulces debajo de sus colchones esperando que la autoridad que decomisa esos objetos productores de caries no los encuentre. Estoy empezando a creer que somos los adultos los que nos preocupamos (en muchas ocasiones) de más, quizás nosotros deberíamos aprender a ver más allá de la basura que representa desde hace años una caja.

 

Saldo Inicial: Tiempo, ganas y una Guitarra.
Saldo final: 10 dibujos surrealistas con la respectiva firma de los autores, 2 carritos a escala (uno de ellos sin una llanta por tanto kilometraje imaginario), una familia llamada Hocati de la cual me siento parte, 23 sobrinos que me brindaron varias lecciones gratuitas para aprender a sonreír ante las dificultades y un corazón que me permite entender que lo que este mundo necesita se resume en 2 palabras: Piedad y Letras

 

 

Mario Ulises Maya Martínez, Voluntario en HOCATI

FOTOS de HOCATI

 


 

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