Hilario Flores, Sch. P., coordinador del Cali-verano de Ensenada, nos regala una crónica de la fiesta de clausura del Bufaverano de Loma Linda y comparte sus reflexiones sobre estas actividades de educación recreativa para niñas, niños y jóvenes, realizadas durante el pasado mes de julio, en la capilla de San Francisco, en la colonia de Loma Linda.
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Luego de una semana de preparación, con los casi 30 muchachos y muchachas (tías y tíos) y de dos semanas de Cali-verano, el viernes 31 de julio, por la tarde, dimos por concluido, en la colonia Loma Linda, el Bufaverano 2009. Este último momento lo disfrutaron los más de 50 niños que estuvieron asistiendo durante dos semanas a las actividades del Bufaverano, como llamamos en Ensenada a nuestros Cali-veranos. Pero ellos no fueron los únicos que se divirtieron, sino también los papás de éstos que asistieron a la clausura.
Fue algo hermoso observar a los padres de familia mezclados entre todos los niños y tíos que cantaban, reían, brincaban, bailaban, aplaudían, etc. Algunos padres de familia, jóvenes aún, denotaron que les falta realizar algún tipo de ejercicio o de estiramiento, pues les costaba seguir el ritmo y la coordinación de los niños. |
![]() Niños y tíos del Bufaverano 2009 en Loma Linda. |
Hubo quien no pudo agacharse para apoyar el codo en el suelo, cuando se bailaba y cantaba el canto del “Marinero”. Hubo quien a la mitad de la canción optó por salir, discretamente. “No se salga de la fila; tiene que seguir con el canto hasta que concluya”, se le dijo a una mamá que se escabullía del grupo. “Es que no puedo”, respondió la mamá. Se produjo una risa de parte de algunos niños al escuchar esta respuesta y eso hizo que la mamá joven volviera a integrarse. Pero luego de un momento, no pudo más y dejó de hacer los movimientos del canto.
Los niños y niñas en ningún momento dejaron de cantar y hacer lo que se les pedía hacer. Parecían tener un cuerpo elástico, pues se movían como si fueron unas ligas. Se agachaban, brincaban, giraban, etc. Ellos simplemente aplaudían cuando se les pedía que aplaudieran; cantaban con fuerza cuando se les pedía que cantaran; bailaban cuando se les pedía que bailaran… Sus rostros reflejaban mucha alegría, deseando que no se terminara el Bufaverano.
Y quizá fue ésta su motivación principal que los hizo estar puntuales a la convocación que se realizó el día anterior, esto es, de estar antes de las cinco de la tarde para la clausura del Bufaverano. Sí, varios niños, llegaron 15 minutos antes de las cinco, cargando con vasos, servilletas, soda, papitas, platos, cucharas, tenedores, agua, tostadas, paletas, bolis, etc. “Aquí está lo que pude traer. ¿Dónde lo puedo poner?”, le decían a los tíos que los estaban recibiendo en la puerta.
Era como ver hormiguitas caminando en una sola fila, con su comida en los hombros, y moviéndose de un lado para otro, como si fueran bailando al caminar. Así fueron llegando más niños con sus papás; otros solos, pero contentos de estar nuevamente entre los tíos y tías del Bufaverano. Cuando el reloj marcaba ya las 5:15 p.m. había alrededor de 40 niños y como 30 personas adultas, entre los que se podía ver, algunos papás de los niños, tíos y tías, abuelos y abuelas, primos y primas, hermanos y hermanas. Se podía ver también dos o tres familias completas.
En este momento se les invitó a entrar a todos a la capilla donde buscaron un lugar cómodo y fácil para ver la presentación, que preparó una de las tías que ayudó todos los días del Bufaverano, sin faltar ninguna vez. Pero antes de la proyección, se dio la bienvenida a todos los presentes. Y se les agradeció haber venido a compartir este momento especial con sus hijos e hijas. Asimismo, se fue presentando cada uno de los tíos y tías que ayudaron en el Bufaverano.
Los papás, contagiados por los aplausos de sus hijos, aplaudían también cuando terminaba de presentarse un tío. Cuando hubo terminado el último tío de decir su nombre y cómo se había sentido al trabajar con los pequeños, se invitó a todos los presentes a cantar el himno de este año del Bufaverano: “…vamos a jugar, viva el Bufaverano… te divertirás… con cuentos y canciones…” Todos cantaron a una voz, e inmediatamente después, se realizó la proyección que estaba lista desde las cinco de la tarde. Mientras iban pasando las imágenes, algunos niños reían, al verse en alguna foto; otros aplaudían; otros cantaban despacio; otros simplemente estaban admirados de verse en alguna de las fotos. Algunos de estos gestos los realizaron también los papás, al ver a su hijo o a su hija, en las fotografías.
![]() Uno de los tantos juegos con agua en el Bufaverano 2009 de Loma Linda. |
Luego de aproximadamente cinco minutos, se invitó a los niños a pasar al frente para expresar cómo se la habían pasado en el Bufaverano. Dos pequeñas del equipo de los “chiquitines”, pasaron y expresaron lo siguiente:
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Después de cantar, bailar, aplaudir, reír, brincar, pedimos nuevamente a todos que regresaran a la capilla donde se proyectó un video de agradecimiento a todos los muchachos y muchachas que regalaron su tiempo, sus talentos, sus sonrisas, su amor a los niños y niñas de Loma Linda, convirtiéndose en tías y tíos. Fue un momento muy emotivo, y luego de esta proyección se les hizo entrega de un reconocimiento por su trabajo realizado durante las dos semanas (más la semana de formación). El rostro de los tíos y tías denotaban alegría y, a la vez, cierta tristeza, pues sabían que el Bufaverano estaba por acabarse. Más de 15 reconocimientos se hicieron entrega en ese momento. Y faltaron como otros diez, jóvenes que no pudieron asistir, pero que también se nombraron ahí, entre todos los presentes. Los aplausos de los niños y de sus papás, no se dejaron de oir, cada vez que se mencionaba y llamaba a un tío.
Pero no podíamos seguir ahí todo el tiempo, aunque muchos de los presentes lo pedían; la razón era que teníamos que ir a compartir los alimentos que entre todos habían traído. Así es que todos salimos de la capilla para pasar al patio, donde ya nos esperaban las tostadas de ceviche, los bolis, el helado, los kequitos, las gelatinas, el pastel, la ensalada de verdura, las aguas frescas, los refrescos, las papitas, etc. pero más importante, la compañía y la alegría de los niños y niñas.
Gracias a los corazones generosos de los niños y de los papás, hubo comida para todos. De tanta comida, los niños no sabían por dónde empezar y a algunos les faltaban manos para cargar algún plato con tostadas de ceviche o alguna gelatina o bolis.
Pero como todo acto o actividad que comienza tiene un fin, éste llegó para nosotros, despidiéndonos así de los niños y niñas que alegraron nuestro corazón durante dos semanas; aunque uno que otro, en vez de alegrarnos el corazón nos hizo pasar un mal momento. Pero las alegrías fueron más que los malos momentos.
Y es por esta última razón, por lo que vale la pena continuar con estas actividades que, sin lugar a duda, cambian los rostros tristes en alegres; donde cambian los puñetazos en abrazos; en donde cambian las malas palabras en cantos; en donde cambia los rostros serios en sonrientes; en donde los vecinos, se vuelven amigos; donde los indiferentes se hacen presentes para aportar su granito de arena; en donde los de lejos se acercan para decirte: “Buenos días. ¿Cómo estás?”; donde los que tienen poco comparten con los que tienen más; donde las clases sociales, desaparecen porque todos son niños o niñas que simplemente tienen los mismos deseos y gustos; esto es, jugar, bailar, cantar, gritar, mojarse, reír, correr, divertirse, etc.
Valen la pena estas actividades porque también entre los muchachos que ayudan –los tíos- se hacen amigos; se comparten sus alegrías y tristezas; pueden bromear y compartir lo poco o mucho que tienen; se contagian de entusiasmo unos a otros; confrontan y pierden sus miedos, etc.
Vale la pena porque, por unos días, algunos padres de familia se comprometen con su comunidad, apoyando con algún material para las actividades del Bufaverano; o trayendo agua para que los niños, después de jugar y correr, puedan refrescarse; o haciendo una aportación económica para cualquier necesidad o imprevisto.
Por todo esto, y por más, vale la pena seguir con esta actividad que hace diferente nuestro mundo, en un tiempo y en un espacio; que hace nuestra sociedad mejor y nuestro mundo también.
“¡VIVA EL BUFAVERANO!”
“¡TE DIVERTIRÁS CON TUS NUEVOS AMIGOS!”



